Los procesos urbanísticos después de la modernidad han sido implacables.
En apenas una generación, una forma de vida milenaria ha sucumbido ante el progreso y las expectativas de una existencia aparentemente más cómoda.
El Racionalismo, ya plenamente consolidado en los años 30 del pasado siglo XX, organiza definitivamente nuestra vida en las grandes urbes.
Es el paradigma aceptado por todos, de cómo debe ser la convivencia masiva de los seres humanos entorno a una logística muy sofisticada de funcionamiento, vinculada a la ciencia y a uno de sus vástagos predilectos. La industria.
Todo el importante desarrollo económico y social que supuso la Revolución Industrial durante el último tercio del siglo XIX cristaliza en el Racionalismo, como resultado definitivo del bienestar moderno y eficaz.
